La diabetes es una enfermedad cada vez más frecuente en los perros y gatos por lo que conviene saber algo más de esta enfermedad.

Todos los seres vivos necesitan energía para desarrollar las funciones vitales de nuestro organísmo, esa energía la obtenemos de los alimentos, y mediante la digestión se reducen a glucosa (entre otros), esta glucosa es la base principal de la energía tan necesaria para el funcionamiento del organísmo de nuestra mascota.

El páncreas de nuestro perro es el órgano encargado de regular la glucemia (los niveles de glucosa en sangre) mediante la síntesis y secreción de una hormona llamada insulina. Esta hormona concretamente es fabricada por las células beta pancreáticas localizadas en los llamados islotes de Langerhans.

Existen dos tipos de diabetes:
* Diabetes Mellitus tipo 1: conocida también como insulino-dependiente.
* Diabetes Mellitus tipo 2: conocida también como no insulino-dependiente.

A diferencia de los gatos, casi todos los perros tienen una diabetes tipo 1, caracterizada por hipoinsulinemia (poca insulina en sangre) y una necesidad absluta de insulina externa.

La diabetes mellitus en el perro es multifactorial, los factores que pueden desencadenar el proceso pueden ser genéticos, raciales (los caniches son muy propensos a padecerla), destrucción inmunomediada de los islotes, obesidad y pancreatitis. En el perro, debido a que suele ser del tipo 1, la pérdida de la funcionalidad de las células es irreversible dando lugar a un tratamiento con insulina de por vida.

Los síntomas de esta enfermedad son muy variados; se suele presentar en perros principalmente adultos (7 a 10 años) con mayor incidencia en hembras. Las razas más predispuestas son los Pinscher miniatura, Caniche, Teckel, Schnauzer miniatura, Beagle y las que menos el Pastor Alemán, Boxer, entre otros.A los gatos suele afectar a todas las edades, principalmente a los mayores de 6 años, con mayor incidencia en los machos.

Los síntomas principales son:
* Poliuria (orina mucho)
* Polidipsia (bebe mucho)
* Polifragia (come mucho)

Además suelen aparecer cataratas, pérdida de peso (queman toda la energía disponible en el organísmo), pérdida de pelo, fuerte olor en la orina (por la presencia de cuerpos cetónicos); los síntomas más graves son la deshidratación, vómitos, hiportemia, debilidad y pudiendo llegar al coma diabético.

El pronóstico de esta enfermedad es bueno si no nos encontramos ante la forma complicada y siempre que la tratemos a tiempo.

El tratamiento comprende un régimen dietético (existen ya en el mercado dietas para diabéticos), ejercicio físico y sobre todo la administración diaria de insulina que puede ser una vez al día o dos veces al día.